Nadie los vio nunca, eran todos como fantasmas, de esos a los que nadie les tiene miedo; se paseaban por los parques con profunda abnegación. Solos con sus recuerdos, de esos de los que ya nadie quiere escuchar. Alguna vez un alma caritativa se detuvo a conversar con uno, momento de luz que revivió por un segundo la esperanza de esas entes, pero el alma continuaba su paso, nunca se quedaba el tiempo suficiente para aliviarles las penas del todo.
No, nadie los vio nunca, a pesar de que son tantos, ni en la mañana, ni en la cena; muchos sucios, todos tristes y cansados.
Uno de ellos, un día se harto de ser un fantasma, levanto la mirada y sorprendido los Vio; ¡eran tantos! Todos fantasmas de diferentes tamaños y colores, vio su miseria y se sintió feliz, no por la desgracia ajena sino por que se dio cuenta de que no estaba solo.
Ideo un plan: cada mañana iría al mismo lugar y levantaría la cabeza de un fantasma a
la vez.
Así lo hizo.
Le gustaba observar la reacción de los otros, todos sorprendidos y maravillados del hecho de ser parte de un grupo y pronto cada fantasma nuevo se dio a la tarea de traer mas fantasmas al grupo levantando las cabezas de estos.
En realidad no eran muchos, pero después de varios días de constantes sesiones, platicas y juegos de ajedrez y domino decidieron unirse, ahora tendrían un nombre, después de todo eran un equipo, cuando los vivos hablaran de un fantasma tendrían que recordarlos a todos al mismo tiempo, eligieron a un representante, era el fantasma mas sabio, el “primero” aquel que comenzó a levantar sus cabezas, él acepto el cargo gustoso y esa misma tarde aquellos otros tenían un nombre:
-------“EL SIFIA.”———
Sindicato de Fantasmas Inconformes Asociados
Pronto sus empolvadas cabezas comenzaron a brillar.
El fantasma mayor, decidido a no fallarle a sus camaradas, quiso mostrarlos al mundo y exigió ante el gobierno la atención no recibida; pero el gobierno no lo vio, a fin de cuentas era un fantasma y ¿qué daño puede hacer un solo fantasma?. Con un sentimiento profundo de frustración salió a la plaza del SIFIA, levito trabajosamente sobre una banca del lugar y con tono serio y solemne declaró:
-compañeros!- viendo que tenia la atención de todos- buscaremos otro lugar para
realizar la asamblea.
Descendió de la pequeña banca y caminó lento pero firme a través de las calles. Todos los fantasmas lo siguieron, en verdad que no eran muchos, pero si suficientes para levantar mas fantasmas a su paso.
Al cabo de unas horas y muchos parques recorridos el fantasma mayor se detuvo, dando una media vuelta con voz cansada dijo:
-compañeros! Les presento nuestra nueva sede de reuniones.
Habían llegado a la alameda, lugar muy concurrido por niños y adultos, trabajadores y vagabundos, comerciantes y rateros.
Sorprendidos los fantasmas aplaudieron satisfechos por la sabia actitud de su líder electo, buscaron animados un lugar para sentarse y reposar ahí el resto de la tarde.
En verdad ahora eran muchos, tantos que la gente pudo verlos, no todos osaban acercarse a aquel fenómeno autoproclamado SIFIA pero algunos adultos y niños comenzaron a decir:
-¿papá?
-¿abuelo?
-¿qué haces aquí?
La respuesta más común era:
- me aburrí de ver la televisión.
Con lagrimas en los ojos hubo abrazos, reencuentros de personas que tenían años sin ver ni escuchar aun cuado vivían en la misma casa.
Al día siguiente el periódico mostraba un extraño encabezado:
“ EL SIFIA” VE CUMPLIDAS SUS SILENCIOSAS EXIGENCIAS.
Nadie ha mencionado el incidente en la alameda desde entonces; días después el gobierno calmo su nerviosismo, contento envió comunicados que decían: El SIFIA desapareció, todo volvió a la normalidad. Y efectivamente así fue, después de ese momento glorioso los niños y los adultos perdieron el don de ver fantasmas y volvieron a olvidarlos. Los ex miembros del SIFIA continuaron vagando por las calles, algunos le tomaron gusto nuevo a la televisión, pero en su mayoría soñaban con el día en la alameda; su día y buscaban algún alma caritativa que se detuviera a platicar con ellos para así poder relatarle de su triunfo. Pero el alma caritativa continuaba su paso sin aliviar la carga de estas animas en pena. Solo unos cuantos permanecieron gloriosos, pero casi todos volvieron a hundirse en el deseo de que algún día un fantasma mayor levantara la cabeza para guiarlos por siempre y así realizar el sueño de todo fantasma Revivir la emoción de sentirse vivo.
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